A la caza de votos al sur de la frontera

Más de un centenar de estadounidenses se junta en la cantina de Sereno Moreno, en un barrio de moda de Ciudad de México, para ver el segundo debate presidencial. Es 9 de octubre, y la CNN atruena en inglés en las nueve pantallas de televisión colgadas de las paredes. Dos amables jubilados con camisetas de color azul oscuro y leyenda a favor de Hillary Clinton reciben a la gente.

Junto a ellos, otros voluntarios armados con manuales y libretas de direcciones ayudan a los interesados a completar los cuestionarios para registrarse como votantes en las elecciones estadounidenses y enviar su papeleta desde el extranjero. Otros mientras venden camisetas a ocho dólares y chapitas a dos.

“Nuestra actividad fundamental es ayudar a todos los estadounidenses, independientemente de su partido político, a registrarse para votar”, explica Ralston Darlington, presidente del Comité Mexicano de Demócratas en el Extranjero, una organización oficial del Partido Demócrata.

Los estadounidenses que residen en el extranjero pueden votar desde 1986, cuando el entonces presidente Ronald Reagan rubricó la Ley Electoral de Ausentes para Ciudadanos Uniformados y Ciudadanos en el Exterior.

Para votar desde el extranjero es preciso registrarse antes de cada elección en el último Estado de residencia. El Distrito de Columbia y otros 36 Estados permiten votar también a aquellos que nunca han vivido en Estados Unidos si tienen un progenitor o un tutor legal que haya residido allí.

México es el país con mayor número de estadounidenses, aunque la cifra exacta no se conoce. En el censo mexicano de 2010 aparecen cerca de 740.000 estadounidenses, pero el Comité Mexicano de Demócratas en el Extranjero estima que en realidad debe haber entre millón y medio y dos millones.

Según explica Julie Juliano, una de las voluntarias del Partido Demócrata, para registrar a votantes en Ciudad de México visitan las iglesias de habla inglesa, las escuelas estadounidenses, los clubs privados, y los locales de la Sociedad Americana de Beneficencia y de otras organizaciones.

Pero sigue habiendo una cantidad notable de estadounidenses en México que no frecuenta esos locales tradicionales entre los expatriados, lo que dificulta la tarea de localizarlos, indica Darlington. En su opinión, hay cerca de medio millón de ciudadanos con doble nacionalidad que podrían votar pese a vivir en México.

Muchos de ellos podrían sentirse espoleados a hacerlo gracias a los comentarios de Donald Trump sobre México, según otro de los voluntarios, Adrian Smith.

Pero, debido a la falta de información y recursos, localizarlos no siempre resulta fácil.

“Carecemos del dinero y la capacidad para encontrarlos a todos”, explica Dee Dee Camhi, una maestra jubilada de Boston (Massachusetts) que fundó los capítulos del Comité Mexicano de Demócratas en Ajijic, Jalisco and Puerto Vallarta.

“Cuando los estadounidenses de origen mexicano vuelven a este país, se comportan como mexicanos”, añade Larry Pihl, coordinador de la organización en Ajijic. Muchos de estos votantes no saben que pueden votar pese a no residir en Estados Unidos, añade.

Para combatir esa falta de información, su organización publica anuncios en radios locales, emplea la mensajería telefónica de  WhatsApp para dirigir a los votantes a una ubicación centralizada donde registrarlos, difunde eventos a través de la red social Facebook, e incluso coloca carteles en las comunidades rurales.

Hace un mes, Pihl y Camhi se dieron una caminata de dos horas para registrar a votantes en Valle de Juarez, una localidad de 5.000 habitantes en las montañas que rodean el lago Chapala, en el estado de Jalisco.

Una vecina de 38 años, Corina Toscano, se puso en contacto con ellos tras saber por un amigo que, como ciudadana estadounidense, tenía derecho a voto. Natural de Chicago (Illinois), Toscano ha pasado toda su vida a caballo entre ese Estados Unidos y Valle de Juarez.

“Aquí, en esta comunidad, hay muchísima gente que vive en Estados”, asegura Toscano, “casi todo el mundo está allí, son gente positiva que se dedica a trabajar duro”.

Según cuenta, lo que le animó a votar es el impacto de Trump sobre temas raciales.

“Decidí ejercer mi derecho como estadounidense por la campaña fea de este hombre”, asegura.

Un amigo suyo, Jesus Contreras, les ayudó a coordinarse con las autoridades municipales para instalar un local en el Ayuntamiento. En un solo día lograron registrar a 25 personas, casi todas de Illinois. Pero se toparon con otro obstáculo: una veintena de ellos no tenía conexión a Internet ,y mucho menos correo electrónico.

“La traba fundamental para registrarse y solicitar la papeleta es la enorme cantidad de gente en las áreas rurales sin acceso a Internet”, explica Pihl por correo electrónico.

Aludiendo a lo mucho que se jugaban en esta elección, un vecino mexicano de Valle de Juarez se ofreció a prestar su correo electrónico para que todo el que lo deseara pudiera recibir e imprimir sus papeletas, añade Phil.

Norma Barragan es una de esas vecinas de Valle de Juarez sin correo electrónico. Nacida en México hace 37 años, asegura que logró la nacionalidad estadounidense el año pasado, tras vivir dos décadas en ese país. Sin embargo, daba por hecho que no podría votar porque se mudó de vuelta a México en enero.

Se enteró de que sí podía gracias a una publicación en Facebook, pero, pese a ello, era bastante escéptica cuando acudió al Ayuntamiento para registrarse.

“Tenía miedo de que me pudiera timar”, explica. Pero como sólo le pidieron el número de su carnet de conducir y una prueba de su ciudadanía, se registró para votar por primera vez.

El hermano de Corina Toscano, Orlando, natural de Aurora (Illinois), también se registró para votar en Valle de Juarez. Podría haber votado en otras elecciones, pero asegura que es la primera vez que siente la urgencia de hacerlo.

“Mi mayor motivación es que Donald Trump tiene mal la cabeza”, asegura, “es evitar que un racista sea presidente de Estados Unidos”. Toscano imprimió su papeleta para votar a Hillary Clinton.

Los votantes estadounidenses en México tienen que superar una última barrera antes de registrarse. Aquellos que reciben su papeleta por correo electrónico deben imprimirla y enviarla por correo ordinario a Estados Unidos. El correo mexicano, sin embargo, es lento y poco de fiar.

“Hay es donde nosotros entramos en acción”, explica Juliano, otro voluntario del Partido Demócrata en Ciudad de México. “Nos encargamos personalmente de tramitar las peticiones y enviar las papeletas por valija diplomática a través de la Embajada estadounidense”, afirma.

Tres semanas después de completar el registro de votantes, Pihl y Camhi regresaron a Valle de Juarez para recoger las papeletas y enviarlas a miles de kilómetros de distancia, en Illinois, Georgia, Florida y California. Hoy, mientras los estadounidenses acuden a las urnas, Corina Toscano sigue con inquietud la cobertura especial de las elecciones en ForoTV, un canal mexicano de cable. Confía en que Clinton gane.

“Al menos ella no construirá un muro, dividiéndonos”, afirma. “Con ella, no perderemos”, concluye. v

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