El 8 de noviembre de 2016, la Historia se escribió en las calles

El mensaje de Facebook llegó sólo dos horas después de que Estados Unidos supiera quién iba a ser su próximo presidente.

Máquina Latina había intentado días antes, sin éxito, contactar con los responsables de la página Mexicanos en Favor de Trump (en inglés), que tiene 1,300 seguidores.

A las 3:55 a.m. del 9 de noviembre de 2016, recibió el siguiente mensaje en inglés: “No hay de qué preocuparse. ¡Ya agarramos a los Estados Unidos por el coño! ¡Celebremos!”.

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Quince horas antes, sin embargo, el futuro político de Estados Unidos aún era incierto.

Era mediodía frente a el rascacielos de Donald Trump en la Quinta Avenida, entre las calles 56 y 57, y una amalgama de manifestantes excéntricos ocupaba las esquinas de esa cuadra.

Aprovechando la pausa que le ofrecía la luz roja del semáforo, un hombre hacía malabares y cantaba a los transeúntes en el cruce de cebra. Vestía el uniforme de manga corta de los Yankees en rojo carmín, y medias amarillo neón, un gorrito tejido con la bandera estadounidense en la cabeza, y una pelota con estrellas azules en la mano.

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En la esquina de la calle 57, un par de vaqueros semidesnudos cantaba una canción country, juntando una audiencia a su alrededor. En la parte trasera de sus calzones blancos, el apellido del candidato republicano pintado en mayúsculas. Sólo eso y sus botas blancas, un sombrero con las palabras “Vaquero Desnudo” escritas en inglés, y una guitarra colgada del hombro con la estampa “Trump | Pence 2016”.

Los vaqueros interrumpían su canto para posar con las mujeres que les pedían una foto. Incluso cargaban a algunas en brazos y, una vez en el aire, aprovechaban para darles nalgadas mientras todos reían.

Estacionados uno tras otro en fila india, una serie de camiones de basura ocupaban el carril izquierdo de la Quinta Avenida. En vez de residuos, rebosaban arena. En lugar de estar en un garaje, formaban una barricada protectora alrededor de la torre de Trump.

Jelena Periz, croata de nacimiento, caminaba de un lado a otro con una sonrisa imperturbable en la cara. Tenía puesta una cachucha con el famoso slogan, en inglés, del candidato: “Hagamos grande a Estados Unidos otra vez.”

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Trump es el primer republicano al que Periz apoyaba desde Ronald Reagan.  

Frente a ella, Joey Zeno gritaba en inglés, agitando una lata de Red Bull en la mano: “No se trata de odio sino de amor a la patria”. Zeno, de 47 años, llevaba una playera en la que se podía leer, también en inglés: “Ni Trump ni los republicanos son racistas”.

Otro de los manifestantes, Dan Tintle, de 23 años, llevaba una camiseta con la cara del candidato republicano cubierta por una colección de pines. Tintle trabaja como cocinero de un local de la cadena Chilis en Nueva Jersey, y recordaba con orgullo el día en que el magnate anunció su candidatura. “Estaba en la escuela cuando hizo su anuncio desde esta torre. Quería venir corriendo”, indicaba, señalando el edificio.

Cargando un cartel del doble de su tamaño, Kirk A Wilcox, de 60 años, difundía su mensaje contra los medios de comunicación. Wilcox se definía como un activista político a tiempo completo. Antes de eso, se ganaba la vida recogiendo basura para después venderla en centros de reciclaje hasta que fue desalojado de su casa en el Bronx.  

Pero no todos los manifestantes presentes en la Quinta Avenida apoyaban a Trump.

Resguardados tras vallas metálicas, Sajid Khan y Theo Allen trataban de convencer a los indecisos de votar a Hillary Clinton. Khan, un inmigrante indio de 68 años, explicaba así su opinión sobre la salud mental de Trump: “La gente está confundida y yo quiero dejarles en claro que no pueden votar por una persona que no puede controlar sus emociones”. “Estoy tratando de formar limpiadores de mentes”, aseguraba en inglés.

Allen, de 21 años, había votado en Westchester County antes de trasladarse a la torre de Trump con un letrero amarillo en el que se leía en letras negras y en inglés “Trump, Comandante de los Exportadores de Mano de Obra”.

Lo que había empezado como un puñado de manifestantes desperdigados frente al edificio terminaría con un par de grupos encerrados cada uno en su propio corral.

Al bando contrario a Trump se unía Marny Halasa, vestida con un atuendo de cabaret y con un letrero con la siguiente leyenda en inglés “Hagamos que Estados Unidos odie otra vez”.

Entre los seguidores del candidato, Mildred Gerardino, con un vestido de novia y un velo sobre la cara. “Trump se va a casar con Estados Unidos esta noche. Es un nuevo comienzo para todo el país”, explicaba.

dsc_1364Tony-D’imitril caminaba de un lado a otro dentro de ese mismo espacio restringido por las vallas metálicas, ofreciendo donas de Dunkin Donuts. “Soy negro, soy homosexual y soy demócrata. Pero aún así voté por Donald Trump. Porque con él no hay barreras de color”, explicaba este joven.

Señoras con letreros rosas en los que se leía en inglés “Mujeres con Trump” se unirían después al grupo, junto a un par de latinos con pancartas y playeras y a varios negros.

Conforme oscurecía, la tensión aumentaba frente a la torre.

Después de que un par de transeúntes insultara a los manifestantes tras las vallas, el grupo de seguidores de Trump empezó a trasladarse a la banqueta ubicada frente al hotel Hilton de la Sexta Avenida. Allí se quedarían hasta pasadas las tres de la mañana.

Frente al Hilton, sede esa noche de la campaña del candidato republicano, el grupo de personajes excéntricos seguía creciendo mientras el tiempo pasaba ondeando al cielo nocturno sus banderas estadounidense, sus enseñas de apoyo a Trump o con la estrella de David.

Vehículos de bomberos, coches de policía, camiones de basura, autobuses públicos, todos por igual tocaban el claxon para mostrar su apoyo a los manifestantes al pasar frente a ellos.

Así pasaron más de cinco horas. Los resultados electorales fueron llegando con cuentagotas a través de las pantallas de los celulares, que se refrescaban constantemente. A cuentagotas también celebraron su victoria. Con cada Estado que se teñía de rojo republicano, una nueva oleada de porras comenzaba. El canto en inglés de “Las vidas azules también importan” resonaba en la calle.

No fue hasta que la victoria de Trump fue irrefutable que los manifestantes se empezaron a relajar. Mientras algunos daban entrevistas a los medios de comunicación, otros gritaban vítores más enardecidos.

dsc_0085“¡Enciérrenla en la cárcel!”. Esta frase, en inglés, que había empezado como un comentario, escaló a gritos eufóricos. “¡Quemen a la bruja!”, cantaban.

Antes de que la muchedumbre se empezara a desperdigar, una mujer vestida de color vino pasó tras la banqueta de los manifestantes.

“Chínguense todos. Chinguen a Trump. Son unos ignorantes. Esto es por su culpa. ¡Chínguense!”, gritaba en inglés con la voz quebrada, señalando a la multitud.

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