Las peticiones de asilo de venezolanos se disparan ante la incertidumbre electoral

Durante ocho meses sin tregua, José Antonio Colina, un ex oficial de la Guardia Nacional Bolivariana, estuvo en el punto de mira de una cacería que cambió su vida para siempre. Ahora, 13 años después, miles de solicitantes venezolanos de asilo aguardan, como hizo él, a saber si podrán iniciar una nueva vida en Estados Unidos después de las elecciones presidenciales.

Colina, junto a otros 13 militares venezolanos, se rebeló contra el entonces presidente, Hugo Chávez, tras un fallido golpe de Estado en abril de 2002. Se hicieron llamar Militares de la Plaza Altamira, en honor a una de las principales plazas de la capital venezolana, Caracas, donde se sucedieron las protestas contra Chávez.

Cuatro meses después, en febrero de 2013, estallaron sendas bombas frente a las embajadas de España y Colombia en la capital. En abril, otra explosión destruyó parte del edificio Teleport, en el Paseo Colón.

El Gobierno de Chávez acusó a Colina de planear y llevar a cabo estos atentados, y le procesó por terrorismo.

“La policía secreta bolivariana tenía órdenes expresas de acabar conmigo. De asesinarme. Fui cambiando de escondite bajo el máximo secreto por todo el país”, asegura. Ahora vive en Miami (Florida).

A ojos de Chávez, Colina era un traídor

 

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José Antonio Colina, en una rueda de prensa en Miami, Fla.

A medida que fueron pasando las semanas, Colina fue dándose cuenta de que sería imposible eludir a la justicia. La policía secreta estrechaba su cerco; permanecer en Venezuela era cada día más peligroso.

En noviembre de 2003, cruzó la frontera por San Antonio del Táchira hasta la localidad colombiana de Cúcuta. Un mes después, voló desde la capital, Bogotá, hasta Estados Unidos, haciendo uso de sus contactos en la policía colombiana para que le permitieran abordar un avión con destino a Miami. Tan pronto como piso suelo norteamericano, fue arrestado.

 

Colina pasó dos años y medio en cinco centros de detención para inmigrantes repartidos por todo el país, de Pompano Beach (Florida) a Houston (Texas).

El 28 de abril de 2006, fue puesto en libertad. Ocho días después, el Departamento de Estado denegó la petición de extradición de Venezuela y ordenó su protección bajo la Convención contra la Tortura de Naciones Unidas, que el país suramericano había firmado en 1985.

Dos años después, Colina fundó la organización Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio. Es un asilado político. Y no ha regresado nunca a Venezuela. “He pasado 13 años sin ver a mis padres”, dice, bajando la voz.

El éxodo

Como Colina en su día, 15.824 venezolanos solicitaron asilo tras aterrizar en Estados Unidos entre octubre de 2014 y junio de 2016. Casi la mitad de ellos (7.442) lo hicieron en el primer semestre de este año. Es un 168% más que en el mismo periodo de 2015. Venezuela superó a China y México como principal país de origen de solicitantes de asilo en febrero y en abril.

Julio Henríquez, experto venezolano en inmigración y director de la ONG Programa para la Libertad del Refugiado, con base en Boston (Massachusetts), lo achaca a dos motivos: la crisis humanitaria ocasionada por una profunda crisis económica, y el miedo a la persecución política del Gobierno de Nicolas Maduro, que relevó a Chávez tras su muerte en 2013 y endureció las operaciones contra disidentes un año después.

 

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La Guardia Nacional Bolivariana, frente a un manifestante AFP/GETTY

 

 

El Foro Penal Venezolano, una ONG en defensa de los derechos humanos con base en Caracas, asegura que se han producido 5.853 detenciones entre enero de 2014 y junio de 2016 relacionadas con manifestaciones contra el Gobierno y protestas por la falta de comida y los cortes de electricidad y agua corriente.

“Se puede trazar un paralelismo entre la persecución política en Venezuela y el aumento de peticiones de asilo aquí en Estados Unidos, es imposible negarlo”, asegura Henríquez.

La pobreza se ha convertido en otro factor importante de esta crisis humanitaria.

Venezuela sufre una profunda crisis económica sin precedentes. El Fondo Monetario Internacional prevé que la inflación se dispare un 1.600% el año que viene, al tiempo que el Producto Interior Bruto se desploma un 10%. En 2018, el PIB por habitante bajará hasta los 3.364 dólares, al mismo nivel que Marruecos o Angola.

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Colas de venezolanos frente a la Central Madeirense en Caracas / GETTY

 

 

El último informe oficial disponible asegura que el 33% de los venezolanos vive bajo el umbral de la pobreza. Sin embargo, numerosas ONG y otras fuentes independientes indican que en 2014 eran el 52% y ahora llegan hasta el 80%. Eso significaría que unos 10 millones de venezolanos han caído en la pobreza en los dos últimos años.

Un estudio de la Universidad Simón Bolívar concluye que nueve de cada diez venezolanos no puede comprar comida suficiente por culpa de la plaga de escasez que se ha extendido por todo el país. El Consejo de las Américas eleva los niveles de escasez hasta el 80%. Según el Banco Central Venezolano, el precio de la comida se elevó un 56% en 2015.

¿Tienen derecho de asilo?

Desde que la petición de asilos se disparó, el teléfono de José Antonio Colina no ha dejado de sonar. Dice recibir al menos 60 llamadas al día, un tercio de Venezuela, otro tercio de otros países y otro de venezolanos que ya viven en Estados Unidos.

“Me llaman y me mandan mensajes de correo electrónico a todas horas, la gente está desesperada por salir de Venezuela”, explica Colina. Su número aparece en la página de su organización en la red social Facebook.

La ley estadounidense sólo prevé conceder asilo a aquellos que son perseguidos por el Gobierno en sus países de origen debido a su raza, religión, nacionalidad, postura política o pertenencia a un grupo activista.

Según Henríquez, sólo dos de cada 10 consultas que recibe de venezolanos cumplen esas condiciones. “Los que escapan del país por cuestiones económicas son muchos más que los que lo hacen por persecución política”, afirma.

Colina coincide: “Sólo un 10% de la gente a la que entrevisto tiene un caso sólido de persecución gubernamental. El resto huye de una situación económica deplorable, del crimen y de las arbitrariedades del régimen”.

La mayoría de solicitantes venezolanos de asilo han llegado este año a Estados Unidos con un visado de turistas (B1/B2). El aeropuerto internacional de Miami es la principal vía de entrada. Muchos piden protección y se niegan a volver a su país, justificando que quieren trabajar y contribuir a la economía estadounidense, según Colina.

“Es un error muy común. No puedes decirle a un agente de inmigración que has venido a trabajar cuando tienes un visado de turista. Te van a detener”, añade

 

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Primera página del formulario de asilo del Departamento de Homeland Security (I-589).

 

 

Según datos del Departamento de Estado, entre octubre de 2014 y septiembre de 2015 se concedieron 223.854 visados de turista a ciudadanos venezolanos. Sólo se le negó a un 15,6% de solicitantes, una tasa inferior a la de Ecuador (31,3%), República Dominicana (33,8%) o México (20,2%).

 

Ganando tiempo

En todo Estados Unidos hay ocho oficinas para tramitar solicitudes de asilo, ubicadas en Arlington (Virginia), Chicago (Illinois), Houston (Texas), Los Ángeles y San Francisco (California), Miami (Florida), Newark (Nueva Jersey) y Nueva York (Nueva York). Tienen 170.380 casos pendientes, según el último informe del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, publicado en junio.

En Miami, se está entrevistando a los solicitantes que rellenaron su solicitad hace tres años. En Los Ángeles, la espera llega hasta los cinco años.

La mayoría de solicitantes venezolanos pasan por la oficina de Miami. En junio recibió 2.102 nuevos casos y programó 278 entrevistas, de las que sólo 178 se llevaron a cabo. Ese mes, 1.370 ciudadanos de Venezuela solicitaron asilo en todo el país, por detrás de México (1.507) y China (1.649), según datos del Servicio de Inmigración.

 

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Oficina de asilo en Miami, donde se tramita la mayoría de las solicitudes de asilo de venezolanos en Estados Unidos / GOOGLE MAPS

 

Debido a este retraso, los solicitantes de asilo pasan hasta cinco años en Estados Unidos antes de ser entrevistados. “El sistema de inmigración está estropeado, funciona mal”, asegura Henríquez. “Algunos emigrantes por razones económicas se aprovechan de ello pese a no tener derecho a pedir asilo”, añade.

Sarah Pierce, analista del Instituto de Políticas Migratorias, con base en Washington DC, coincide con Henríquez. “El hecho de que estemos recibiendo un enorme flujo de venezolanos sólo va a añadir estrés al sistema de asilo, está dificultando una situación ya de por sí complicada”, explica Pierce.

En su opinión, la mayoría de estas solicitudes terminará en órdenes de extradición, fundamentalmente porque sólo unas pocas cumplen con el criterio de persecución político, y la mayoría responde a causas económicas.

El futuro de los solicitantes de asilo venezolanos en Estados Unidos es incierto, y la situación del país suramericanos continúa siendo volátil. Las elecciones presidenciales estadounidenses añaden un factor más de incertidumbre, puesto que ambos candidatos mantienen posturas muy distintas respecto a sus políticas de inmigración y asilo.

 

¿Cuál es la postura de los candidatos presidenciales sobre Venezuela?

Donald J. Trump – Partido Republicano

  • En contra de la política de Nicolas Maduro, y a favor de la oposición.
  • Asegura que, si gana Hillary Clinton, “Estados Unidos será la próxima Venezuela”.
  • El pasado 16 de septiembre, felicitó en un mitin en Miami a los venezolanos que huyen a Estados Unidos.

 

Hillary Clinton – Partido Demócrata

  • Su secretario de Prensa, José Aristimuño, es venezolano.
  • Dice apoyar la democracia en Venezuela.
  • Quiere continuar con las políticas de Barack Obama: considera al Gobierno de Maduro una amenaza contra la estabilidad de Venezuela y un elemento desestabilizador para la región.

 

¿Cuál es la postura de los candidatos presidenciales sobre políticas de inmigración y asilo?

Hillary Clinton – Partido Demócrata

  • Respalda la senda hacia la ciudadanía.
  • En contra de deportar a familias con hijos estadounidenses (DACA).
  • Abierta a aumentar la cuota de refugiados y asilados, pero endureciendo el proceso de selección.
  • Planea una reforma global del sistema de inmigración.
  • Apuesta por cerrar los centros privados de detención de inmigrantes.
  • Quiere crear una Oficina de Asuntos de la Inmigración.

 

Donald J. Trump – Partido Republicano

  • Quiere deportar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados.
  • Sugiere congelar los programas de refugiados y asilados.
  • Quiere construir un muro en la frontera; México tendría que pagar los 5.000 millones que costaría.
  • Apoya aumentar de 5.000 a 15.000 los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
  • Incrementaría los sueldos a trabajadores inmigrantes, a modo de impuesto contra la mano de obra extranjera, de forma que los trabajadores nacionales fueran “una prioridad”.

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